Control del estrés: el entorno

Dicen que “el trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento”.

El trabajo por sí mismo no tiene porqué ser una fuente de estrés, pues un entorno laboral favorable, donde se reconoce la labor que se lleva a cabo, llevando a cabo un trabajo que al menos gusta o apasiona, con relaciones sociales constructivas y no destructivas, puede favorecer la productividad de quien lo realiza.Por el contrario, en entornos laborales, y sociales, no agradables la situación suele ser bien distinta, con menores rendimientos o, incluso, pudiendo llegar a manifestarse el malestar incluso a través de enfermedades con base más psicológica que física.

A veces es imposible escapar de estos entornos pero podemos intentar minimizar sus nocivos efectos.No dejarse avasallar, pero manteniendo siempre la educación, porque no es cuestión de rebajarse a un nivel indigno, sino mantener a distancia en la medida de lo posible a los elementos problemáticos haciendo gala de un “saber estar”.

Fomentar las buenas relaciones en tu entorno próximo, pues como decía Confucio: “Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y larga la mano”.

La cabeza fría para mantener el control en las diversas situaciones más o menos incómodas en las cuales puedes verte inmers@, manteniendo bien atada la ira o el rencor.

El corazón caliente para poder compartir afecto o cariño con las personas a quienes aprecias, aunque haya ocasiones en las cuales puedan llegar a sacarle a uno de quicio, de forma intencionada o no.

Larga la mano, más bien “la mano tendida” que la mano puede ser larga en muchos sentidos, para estar en disposición de ayudar siempre que se pueda a los otros.

Haciendo gala de este pequeño retazo de la sabiduría china se tiene un mayor control sobre el entorno, pero si incluso esta actitud no basta lo mejor, siempre que sea posible, es evitar los entornos nocivos, al igual que señalábamos en un post anterior con respecto a las personas nocivas que pudiese haber en nuestro entorno.

Algunas veces tenemos que aplicar la filosofía de hacernos dueños de nuestro propio destino.

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Control del estrés: el ejercicio físico

En la publicación anterior hicimos referencia a uno de los temas, normalmente poco abordados, para controlar nuestro estrés derivado de nuestro entorno, puesto que no solamente el exceso de ocupaciones o trabajo pueden hacer mella en nuestra psique. 

En esta ocasión analizaremos la actividad física más o menos moderada (todo en demasía es malo) como medio de controlar e incluso disminuir nuestro nivel de estrés.

Como antigua practicante de diversas artes marciales, tengo claro que el autocontrol es una cuestión de suma importancia, pero en ocasiones el estar continuamente con el “freno de mano puesto” puede causar más estrés que tener demasiado que hacer en demasiado poco tiempo. En este sentido, hay ocasiones en las cuales resulta necesaria alguna forma de poder explotar toda esa energía negativa de forma constructiva y el deporte nos ofrece una herramienta inestimable para ello.

La actividad física puede generar bienestar, como consecuencia de la liberación de las endorfinas, al mismo tiempo que relajamos o expulsamos esas tensiones de nuestro interior. Ya sea a través de largos paseos o footing,  hacer pesas, practicar artes marciales, nadar o cualquier otra actividad física que nos guste, estamos beneficiando claramente a nuestra salud física y psíquica, puesto que no sólo nos abstraemos aunque sea brevemente de nuestro quehacer diario y canalizamos la energía de forma constructiva, sino que incluso podemos llegar a sentir ese “subidón” de alegría y vitalidad que producen las mencionadas endorfinas.

Una razón más para hacer deporte……………….. a qué esperas?