Principios deportivos aplicados a las ventas (y a la vida misma)

Como practicante de Judo desde hace muchísimos años hay una serie de principios de conducta que no sólo serían aplicables a esta faceta de mi vida, sino que podrían ser aplicados a todos y cada uno de los ámbitos en que se desarrolla la vida diaria. Estos principios serían los siguientes:

La cortesía. Es el respeto a los demás

El coraje. Es hacer aquello que es justo

La sinceridad. Expresarse sin disfrazar lo que realmente se piensa

El honor. Ser fiel a la palabra prometida

La modestia. Hablar de si mismo sin sentirse orgulloso

El respeto. Sin el cual nunca podría existir la confianza

El autocontrol. Saber controlarse en situaciones críticas (o saber callar cuando la ira sube)

La amistad.  El más puro de los sentimientos del ser humano.

En toda relación comercial resulta necesario seguir una serie de pautas de conducta, mantener una actitud, de clara orientación al cliente (por algo se le suele denominar como “su majestad”) si se pretende conseguir una fidelización por parte de los mismos.

A pesar de las situaciones más críticas, aplicar la empatía y la asertividad, sin perder nunca la sonrisa y buscar soluciones de forma proactiva, constituyen buenos cimientos para establecer una sólida relación comercial que puede resultar beneficiosa por ambas partes. Así como en el Judo, el que cae (Uke) está progresando de la misma forma que el que tira (Tori), en una relación de ayuda y progreso mutuos, pues sabiendo cómo llegar a caer bien ayudando al que le proyecta para conseguir una técnica perfecta se avanza en el dominio de la técnica.

De la misma forma, escuchar de forma activa a nuestros clientes, aunque sea en la forma de quejas, resultan importantes informaciones acerca de la imagen que proyectamos hacia el exterior, e incluso en el interior, de las empresas. Como dicen en la literatura especializada, “las quejas son perlas” y pueden servir para mejorar nuestros procesos de venta. Por ello, resulta especialmente importante el principio de autocontrol, o saber callar cuando la ira sube, pues discutiendo no se vende e incluso se pierden clientes, actuales o potenciales.

No menos importante resulta el principio del honor o ser fiel a la palabra dada, llegando incluso a ser rentable, en algunas ocasiones, perder un poco en el trato actual para cumplir con lo pactado en aras de negocios futuros. Un cliente satisfecho siempre tendrá en cuenta nuestros productos o servicios en el futuro en sus decisiones si nos labramos una sólida reputación de cumplir con lo dicho.

Por último, y no por ello menos importante, la sinceridad con el cliente es una cuestión que parece en principio debatible, pero es una cuestión de tono y forma de decir las cosas, ya que el cliente no siempre tiene la razón y se puede ser muy sincero sin llegar a molestarle. Cuestión distinta es si se pretende mentir al cliente y pensar que no se va a enterar de ello, lo cual resulta muy espinoso, porque la verdad siempre termina por salir a relucir y se estaría destruyendo uno de los pilares en la relación con los clientes, a saber, la confianza.Si no se confía en una empresa difícilmente se puede llegar a cerrar ventas por la falta de la misma.

En definitiva, en mi humilde opinión, considero los principios éticos del judo como un cimiento importante en mi actividad como promotora de ventas y que la aplicación de los mismos en la actividad profesional resulta en beneficio de la profesionalidad en las ventas que parece estar siendo minada en el contexto actual, debido a una situación en que hay mucho vendedor no profesional que puede minar la imagen que de nosotros tiene el público. Y aquí es donde hemos de marcar la diferencia.

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